
PRENSA ULA-NURR / Gilcely Linares (CNP 15.221)
La diáspora marca los espacios del Núcleo Universitario “Rafael Rangel” (NURR), aunque hay quienes siguen acudiendo al recinto, el ambiente desolador es inocultable. Luego del retorno vacacional, el vicerrector Efrén Pérez Nácar ofrece un balance del éxodo registrado en el recinto, traducido en un descenso significativo en las distintas Dependencias.
De forma preliminar, la máxima autoridad rangeliana estima que apenas han acudido un 35% de estudiantes, entre un 20 y 25% de profesores, mientras que un 70% del personal administrativo, técnico y obrero. “Tenemos áreas que han entrado en crisis por renuncias, permisos, separación o abandono de cargos casi en el 50% de su personal docente e investigación; también existen oficinas que están quedando vacías porque los empleados desertaron, por ejemplo de 10 jardineros sólo dos siguen activos y varias secretarías se han ido”, detalló.
“De 10 jardineros sólo dos siguen activos y varias secretarías se han ido” Efrén Pérez
Preocupación

Para el Vicerrector “la realidad universitaria es dura, cruel, insoportable, cada vez más insostenible, está en un colapso abrumador, ya reconocido por el Consejo Universitario de la Universidad de los Andes (ULA), además, en algunas ocasiones, los profesores y trabajadores cubren una serie de gastos”. Sobre el funcionamiento institucional expresó que el presupuesto anual del NURR se desvaneció y los recientes créditos adicionales aprobados no alcanzan ni para deudas por reparaciones de unidades del Transporte Estudiantil.
Buscar alternativas
Aunque el panorama no es alentador emplazó a seguir luchando por la transformación académica y nacional, buscar alternativas, sin que el cierre de la universidad sea una de ellas. Desde su óptica, sincerar la realidad universitaria permitirá definirsoluciones fehacientes y sumar esfuerzos para superar la crisis.
El profesor argumenta que es momento de decirle: ¡basta a la normalidad fingida! porque tratar de ocultar una terrible situación, así como internar laborar como si nada pasará no llevará a nada bueno, por el contario abre camino a la terrible oscuridad.
Considera que “el gobierno hace muchos méritos para cerrar la casa del conocimiento, pero existen universitarios dispuestos a mantenerla abierta, a trabajar y apostar por ella”. Insiste en que la situación de la universidad venezolana es extremadamente crítica, ya sea por la falta de presupuesto e insumos, deterioro de infraestructuras, sumado a salarios de hambre, abandono de cargos y renuncias recurrentes, siendo impostergable cesar la “normalidad fingida” para actuar, de manera pacífica, democrática y constitucional.

