
Escrito por Richard Daniel Arandia
Para los antiguos griegos existía una oposición conceptual entre la poesía y el arte. La palabra poesía que significa creación, deriva de la palabra griega poiésis, y arte que era la habilidad adquirida o técnica <<techne>> ( del latín Ars: creatividad). Esta coyuntura entre una y otra le dieron paso luego a una serie de postulados sobre la poesía por parte de Aristoteles y Platón, tesis que buscaba establecer los valores atribuidos a la poesía y que dan paso al inicio de un conflicto histórico de confusión general. Estos postulados han ido cambiando a través del tiempo, el concepto de poesía ha tomado una posición cósmica e indeterminada, y el arte se ha transformado en un componente cultural que refleja y comunica las múltiples perspectivas del mundo a través de diversos recursos estéticos. Así también, la poesía, representa la manifestación de lo bello por medio de la palabra y ambos se encuentran sujetos a una profunda disputa de definiciones, pero: ¿Toda expresión artística es manifestación poética? Heidegger propone en arte y poesía que “La esencia del arte es la Poesía. Pero la esencia de la Poesía es la instauración de la verdad.”
La poesía surge desde muy remotos tiempos, dos mil años antes de Cristo sobre tablas en tierras de los Sumerios, libros sagrados Vedas o los poemas épicos de Homero en Grecia. Sobre tierras más occidentales, aparece como una manifestación espiritual y de la existencia a través de danzas y rituales colectivos pertenecientes a los pueblos aborígenes de Los Andes Americanos, una mezcla de expresiones artísticas conjugaban los actos fraternales y también de guerra, proponían por medio de un lenguaje sin palabras escritas los primeros vestigios de creación poética, textos sin letras escritas con un alto contenido simbólico representados en bailes y danzas que se extienden desde la cordillera andina hasta el otro extremo del planeta, manifestaciones que hoy fundamentan la herencia ancestral de nuestras tierras.
Como una canción eterna del alma, los versos escritos como canciones son numerosos, al igual que en otras latitudes; el señor de Cuauhchinanco, Tlaltecatzin, cantaba hace más de cinco siglos: <<percibo lo secreto, lo oculto…>> expresiones de alta sensibilidad acompañados a kilómetros por fragmentos de haraui o naúas que dejan evidencia de un acto de forje y búsqueda del misterio fugaz de la vida. <<Espejo de agua/eres mentira,/espejo de agua/te divides./¿Es que mi memoria/puede decir que fuiste ayer>> este canto haraui, es para Gustavo Pereira “más que una canción de ausencia, un arte poética”. Así también el verso <<de oro son las flores que tengo>> de origen náhua, representa el intento de penetrar los fugitivos deslumbres del espíritu, búsquedad en la que siempre se ha encontrado inmerso el hombre en sus distintas latitudes y culturas. La palabra, más infinita que los infinitos, nos despierta con un estallido de emociones que tiene su poiésis en una imagen viva. A través de una manifestación creadora de vida nos encontramos con el despertar de un ser que habita en nosotros -similar a nuestros ancestros- pero que es adormecido por el complejo de una sociedad de desarrollo material y destructivo. Es en ese instante donde surge el poeta, creador o hacedor, que compondría el primer extremo de un puente forjado por prosa y verso, pintura y danza, canto y llanto, color y tiempo… y que para los egipcios establecería la conexión entre la vida y su alma, puesto que la poesía se encuentra sumergida en cada rincón del mundo y es esencia del mismo. Esta escurridiza ave se escaparía de la concepción griega antigua en donde se proponía que se forjaba como discurso limitado a la métrica; no obstante, suele disiparse una definición concreta entre los espacios de una generación a otra, formalizando así la erradicación general de una confusión que tiene su génesis en el mundo griego antiguo.
Esto deja lo que sería el secreto de la poesía como una “revelación indeterminada e inaprensible como el alma” en palabras de Gustavo Pereira. El poeta (del griego poeietes “el que crea o hace algo”) compone hoy día el extremo de un puente y una figura vital para la fundación de una identidad que genere un lazo que nos comunique con el mundo y reivindique nuestra esencia.
Vicente Huidrobo propone que “Solo por medio de la poesía el hombre resuelve sus desequilibrios, creando un equilibrio mágico, o tal vez, un mayor desequilibrio”, estas palabras sugieren que la poesía es una medida para “ver más allá de lo evidente, arreglar el mundo y a uno mismo” en palabras de Juan Liscano. Surge así la idea de una poesía armada contra la sin razón del poder y la barbarie, idea que no se aleja del enlazamiento con el sentir de una poética para el respiro personal ante los sucesos que acontecen nuestro presente. Un ritual que se manifiesta entre los escollos de una sociedad retrógrada, permanece en la imagen sólida que acaricia y contempla cada espacio de la vida que nos precede, pero también, un silencio que nadie habita y una llama ancestral disipada que dentro de los planteles educativos, grupos sociales, zonas populares, familias y demás; representa un silencio y nada más, sin embargo, esta constituye la manera más eficaz de expresión y rescate de valores, cultura, esperanza, conocimiento y conciencia, agregando también que, esta formaliza la realización de una libertad artística humana y plena. Poesía: una puerta, una danza, un portal hacia el misterio de las divinidades interiores y externas.
Un puente que se sostiene del hombre y el mundo o viceversa. La poesía es, en todo caso, el medio de esparcir ideas, despertar la capacidad creadora, crítica y pensante, y sobre todo, sentir. Un puente entre el sujeto y el objeto que el filósofo Martin Heidegger comprendía en sus reflexiones como un círculo que se complementa cuando existe quien lo contempla: “Si una obra no puede ser sin ser creada, pues necesita esencialmente los creadores, tampoco puede lo creado mismo llegar a ser existente sin la contemplación.” Abren un dualismo entre el sujeto y el objeto y representa una unión mística y trascendente. En estos tiempos de crisis, preocupación social y colectiva, la poesía surge como un acontecimiento aislado y sin importancia para muchos, cuando la tarea está en hacer despertar la conciencia y que el amor nos caliente para sentirnos cómodos y hacer de nuestro habitad un lugar digno y seguro para los nuestros.
Que nuestra relación se convierta en un puente, un ritual cósmico que nos lleve hacia el encuentro romántico y rebelde de este amor corrompido entre nosotros y el mundo y nosotros con nosotros mismos, para así conseguir fraternidad, creación y trascendencia, transición vital para que se rompan los conceptos que hoy nos separan y que surjamos desde lo humano, como creadores del futuro.

